Acerca de

Omimae nació una tarde de primavera en Madrid. El cielo estaba azul, la gente llevaba gafas de sol y las chaquetas colgaban de las sillas de las terrazas de Malasaña. Yo en bata de hospital, veía el techo de la habitación y lo que colgaban eran los sueros conectados a mi via. En algún momento de esa tarde tomé la decisión de intentar mejorar esos ratos en los que por cualquier circunstancia no estamos dónde o cómo nos gustaría.

Así surgió la marca de cajas regalo Omimae. Nuestra experiencia y sensibilidad nos permite crear los regalos perfectos para cualquier ocasión, y en especial para esas personas que no se encuentran en su mejor momento. Mezclamos los componentes que consideramos necesarios para aportar ilusión, cuidado y mimo a partes iguales.


Nuestra filosofía

Cuando enfermamos, es posible tener la sensación de estar perdiendo muchas cosas. Y en realidad es así, perdemos la libertad, la energía, nuestras pequeñas rutinas y también las grandes. Perdemos la vida tal y como la conocemos, pero también ganamos. Ganamos una vida diferente en la que cuidarnos es una máxima y la paciencia es imprescindible. Son momentos para ordenar prioridades, para dedicarse tiempo a uno mismo de una manera que normalmente no nos permitimos. Esa vida no es peor, solo es distinta y hay que acostumbrarse a ella sin perder nuestra esencia.

A veces, es necesario vivir esas experiencias para alinearnos, para encontrarnos a nosotros mismos otra vez. Porque somos nuestra esencia en todo momento, aunque se nos olvida esa otra parte que también somos. Por ejemplo, cuando estamos en un momento saludable, se nos olvida lo luchadores que podemos llegar a ser o cuando estamos enfermos, no nos acordamos que somos guapos.

Es como el sol y la luna, cada uno brilla exactamente cuando toca, pero siempre viene bien recordar que ambos existen a la vez y en todo momento, aunque solo podamos ver uno de ellos.

 

¿Quién está detrás?

Mi nombre es Eugenia, soy leonesa de nacimiento y madrileña de corazón. Como todo el mundo, he vivido momentos buenos y momentos malos.

Mis momentos buenos huelen a las playas de Cádiz, al mar indomable de Costa Rica o al incienso de los templos de Indonesia. Mis momentos buenos saben a mango y cacahuetes con miel. Los últimos años mis momentos buenos también tienen banda sonora propia y bailan a ritmo de swing.

Mis momentos malos huelen a antiséptico, pastillas y desinfectante. Saben a comida sosa de hospital y zumos de bote. De momento no he puesto banda sonora a mis momentos malos, solo se escuchan conversaciones entre médicos y enfermeras.